Javier Marías, académico, deslizó un espúreo (por espurio) en uno de sus artículos y luego intentó convencer a sus colegas de que incluyeran la incorrecta voz en el diccionario. El error fue tan redondo que hasta le colocó la tilde al invento. Lázaro Carreter, en los 90, cometió idéntico error, que rectificó posteriormente en uno de sus dardos. Los académicos, los catedráticos y los magistrados -hablo en general- son muy orgullosos y suelen dar por excelente todo lo que escriben.
He leído aberraciones ortográficas en artículos, libros, disposiciones publicadas en el Boe y ensayos. Todos nos equivocamos y mas cuando usamos con frecuencia, y por escrito, un idioma tan bello y tan difícil como es el castellano. Tenemos que agradecer a los correctores electrónicos, en el iPhone, google, etc. por ejemplo, la oportunidad de escribir hégira (era de los musulmanes, que se cuenta desde el año 622, en que huyó Mahoma de LaMeca a Medina, y que se compone de años lunares de 354 días, intercalando 11 de 355 en cada período de 30) o égida (situación en la que nos encontramos protegidos).
Pero es bueno aparcar el orgullo y aceptar con humildad las equivocaciones. Shakespeare ya dijo que el hombre orgulloso se devora a sí mismo y sobre todo el común de los mortales tendríamos que aceptar que el orgullo es el complemento de la ignorancia, como dijo alguien de quien ahora no me acuerdo, ni falta que me hace. No sabéis lo que me cuesta acertar. Cuántos asuntos amorosos no se hubieran resuelto con el orgullo aparcado. Y cuantas conversaciones de paz. Y cuantas rencillas familiares. Pues con el uso del idioma ocurre igual. Y además los que por placer escribimos tan a menudo…A mí me gusta más espúreo que espurio, pero resulta que la forma correcta es la segunda, a pesar de que Javier Marías y Lázaro Carreter, que en paz descansen, emplearon mal la voz.

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