jueves, 5 de junio de 2025

LÉXICO CANARIO

De siempre me ha parecido que nuestra manera de expresarnos, el uso del lenguaje y los vocablos diferentes que manejamos, junto con el particular acento de cada región o zona,  hacen que el habla de cada pueblo tenga un particular atractivo. Pero también he de reconocer que se está perdiendo progresivamente, siendo importante la labor de quienes lo han estudiado y han publicado sus trabajos. 


Hace ya muchos años que sufrimos  una colonización lingüística sobre todo por los anglófonos. Inconscientemente, se iban adoptando palabras y expresiones foráneas en detrimento de las nuestras. Y creo que hoy en día, la implantación de nuevos vocablos y la desaparición de muchas de nuestras expresiones, son obviamente fruto de la influencia de la TV, del lenguaje de Internet y de las redes sociales; es decir, de eso que llaman la sociedad de la información.


En estas islas canarias, en las que vivo hace mas de cuarenta y cinco años, palabras como jeito, chuchazo, troncocol, guanajo, fechillo, cachimba, arriscarse, enchumbar, gaveta, sarantontón, machango, piche, fonil, tupido o zorullo han desaparecido prácticamente de nuestro vocabulario. Y recuerdo cuando en vez de asomarse, se decía alongarse. Aquellas madres gritando: “Arturitooo no te alongues en el murooo…”, para rematar con un: “¡Como te caigas del muro… te mato!”… Chachi ha sido suplantado por cojonudo y decir el nota es otra de las expresiones que ha ido cayendo en desuso. Y una, que sin ser nuestra, pues evidentemente era argentina, estaba totalmente asentada en nuestro habla, era pibe. En insultos y descalificaciones ha pasado lo mismo. Es casi imposible escuchar tortolín, salsaboba o tolete. Antes de que apareciese la palabra gay, aquí usábamos vasiola, vasioleta o varvuleta. Hasta nuestro pollaboba, insulto en el que se te llenaba la boca a la hora de proferirlo, se ha visto sustituido por el gilipollas que nos ha llegado de fuera. Y eso que aquí teníamos un sistema de reducirlo a la mitad, pero para darle más consistencia. Me explico, si decíamos: “El nota es medio pollaboba…”, estábamos ratificando que el tipo era mucho más de lo que la frase daba a entender.


Había frases que eran auténticas sentencias: “Ya el conejo me arriscó la perra”, “El que quiera lapas, que se moje el culo” o “Vete a freír chuchangas”. Quedan pocas expresiones autóctonas y deberíamos hacer un esfuerzo por preservarlas. Por ejemplo: “¡Ños, mano!” y “¡Vete por ahiii!”. ¡Ah!… y “Deja ver…”. Además existía la costumbre de unir el aumentativo con el diminutivo, para darle mas valor: “!!Chiquito golazo!!


Bueno, por hoy vale, que me enrollo mas que una persiana….





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