Con fines mas aclarativos que justificativos, me parece enriquecedor explicar de donde nace esa afición que tengo por el canto gregoriano.
Hace mas de sesenta años, es decir en la adolescencia, frecuentaba con relativa asiduidad el Monasterio de los Padres Dominicos, justo al lado de la Iglesia de Santo Domingo, en Granada. Conocía y tenía mucha y buena relación, con algunos de los padres dominicos. El Párroco, padre Crespo, el padre Lucas, fundamentalmente y también el padre Desiderio.
El atrio del Monasterio, algunos lo recordaréis, era maravilloso y en él, los dominicos acostumbraban a realizar sus cánticos, mientras caminaban en filas de dos, con sus capas negras, con capucha y hábitos blancos. Mientras realizaban sus cantos, acostumbraba a estar sentado en un banco largo, y me embelesaba escuchando, algo que para mí era casi mágico.
De ahí me viene el gusto por el gregoriano. En mis listas de Spotify, más de la mitad pertenecen a este género. El resto es música de Albéniz, Bach, y algo suelto de otros autores clásicos. Pero como soy contradictorio en casi todo, también en mis gustos musicales, el resto de mi lista de favoritos incluye a Elder Barber, Gloria Lasso, y hasta La Niña de la Puebla, Marifé de Triana e incluso El Fary. Pero bueno, en el fondo todo es música y eso es lo que importa. Como podréis observar, algunas cabezas, como la mía, no están tan bien amuebladas como debieran. Bueno, pues eso es todo, que le vamos a hacer.

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